“La mediación puede tener efectos terapéuticos, las conversaciones con Cristina Merino, sobre mediación también…”

MB: Primero de todo quiero darte las gracias por este tiempo, para mí eres un referente, cada ratito que he pasado contigo hablando de mediación o de gestión de conflictos ha sido apasionante, hay pocos profesionales con tu capacidad y conocimientos. Gracias de verdad.

Antes de empezar… y a pesar del post de la Librería del mediador sobre tu libro Mediación familiar en situaciones asimétricas. ¿Puedo comenzar preguntado algunas dudas sobre tu libro?

C.M: Claro como tu quieras…

Pág. 16 Nos dices que el libro está  dirigido a analizar la mediación en situaciones asimétricas, y que la mediación tradicional defiende que la asimetría podría condicionar la autodeterminación de las partes para la gestión de sus conflictos. ¿se demuestra que cabe a pesar de que pueda condicionar..?

C.M: Se trata de una tesis que es el resultado de la reflexión, cuenta que ya tiene 15 años y la evolución de la práctica y ética  profesional y también personal, así como la legislación nos va dando pistas. De las once leyes autonómicas que se habían publicado en ese momento,  todas insistían en que no se podía  mediar cuando había desigualdad y a mí eso realmente me generó inquietud y motivación. Pensé, esto hay que investigarlo y evaluarlo con rigor, considerando que había que dar un espacio para la gestión de conflictos a las relaciones que están en desigualdad, en cuanto a los indicadores que en aquel momento estaba investigando o por otros muchos motivos que la realidad nos evidencia. El compromiso era doble, en cuanto a ofrecer un espacio adecuado para la mediación a esa potencial persona, como cliente o usuaria de la mediación, y, por otro lado, pensando también en nuestra profesión como mediadoras, así como a la cantidad de profesionales que se han formado desde hace dos décadas. Mi objetivo era mostrar una visión flexible y adaptativa de lo que era mediar, no tan reducida como se planteaba en aquel entonces (finales de los noventa, primera década del siglo XXI), ya que de ese modo flaco favor le estábamos haciendo a la mediación como proceso y a esas personas que confiaban en la mediación. Si se mantiene una mirada estricta de la mediación, lo que se iban a encontrar quienes se acercaran iba a ser un procedimiento rígido casi como quien dice el hermano pequeño del procedimiento judicial. Todo ello me generaba mayor motivación y compromiso. Así mismo, se requiere un nivel más elevado de responsabilidad frente al proceso. Como es evidente para quienes trabajamos en mediación, cuando nos encontramos con esas situaciones el proceso va a requerir más esfuerzo, estamos hablando de conflictos más complejos y aunque ingenuamente tratemos de reducirlo a que haya un elemento de asimetría, detrás de esa asimetría hay una complejidad mucho mayor, ya que al inicio solo vemos lo que metafóricamente conocemos como la punta del iceberg. 

Por cuestiones de salud y conciliación familiar, recientemente se han incorporado nuevos profesionales al equipo de mediación, la incorporación de nuevas compañeras nos da la oportunidad de reflexionar y debatir sobre cuestiones que ya teníamos asimiladas. Precisamente, hemos tratado un proceso relacionado con el consumo de alcohol, en el debate antes de plantearse si es mediable o no, desde mi punto de vista lo primero es  escuchar a esa persona y analizar qué capacidades tiene para tomar decisiones y responsabilizarse, principalmente vamos a ver cómo podemos ayudar. Que no se limite nuestra mirada a decir que no se puede mediar, si no contemplarlo desde el cómo, qué abordaje puede facilitar que quien se encuentre en ese desequilibrio relacional, encuentre en el espacio de mediación la posibilidad de tomar decisiones para afrontar la situación que protagoniza. En ocasiones la mediación es solo el inicio de un proceso en el que se deriva a otros espacios e intervenciones. Se trata del concepto anglosajón “diversion” entendido como derivación a programas terapéuticos, complementarios en la intervención psico-social que implica la mediación.

M.B: ¿Cuántos libros (ya no digo artículos doctrinales, revistas jurídicas, etc.…) llegaste a manejar para la tesis?

C.M: ¡Muchos! Fueron muchos años de lectura continua. Comencé el programa de doctorado en 1998, entonces veía la tesis como un proyecto vital, no tenía prisa. Era consciente de que leía porque buscaba en las fuentes aprender a abordar los conflictos de un modo adecuado. Tras haber estado trabajando en un proyecto en México durante un año y durante 4 meses en Holanda y posteriormente en Canadá, mi inquietud por el aprendizaje en gestión de conflictos era mi modo de entender mi vida profesional. En el 98 comencé a trabajar en el proyecto piloto del servicio de mediación familiar del País Vasco, aunque no sabía cual iba a ser el devenir del proyecto, a mí me apasionaba la mediación. He de decir que no era especialmente la mediación familiar la que me motivaba más, porque mi trayectoria académica y profesional del estudio de Derecho, Criminología, la Justicia restaurativa, Drogodependencias, mediación en ámbito comunitario y organizacional… de modo que mi acercamiento a la mediación familiar fue desde la justicia restaurativa y ahora, con una mirada longitudinal, considero que ahí está el motor de cuestionar los límites que se estaban imponiendo progresivamente a la práctica de la mediación. Mi diálogo interno me decía <<me niego a admitir lo que las leyes autonómicas en este campo están regulando>>. De algún modo, desde una actitud crítica constructiva, consideraba que esta mediación sería muy pobre, muy escasa para las necesidades sociales que ya en aquel entonces eran manifiestas. Más aún en la actualidad (marzo 2021) observamos todos los comportamientos adictivos que tiene la sociedad y los trastornos asociados, siendo además una época pandémica. Sería una lástima que nos quedáramos en una visión tan reducida como decir que no se puede mediar en estas situaciones de desequilibrio de poder entre las personas.

Yo en esa época leía todo lo que caía en mis manos que tuviera que ver con gestión de conflictos, justicia restaurativa, gestión emocional, mediación…La gran mayoría de las publicaciones procedían del ámbito académico de EEUU y Canadá.  En concreto, como te comentaba me había formado en drogodependencias, que actualmente hablamos  de adicciones, y era un gran impulso para pensar en todas estas personas con comportamientos adictivos que se acercaban a mediación y, en mi opinión, debíamos estar preparadas para facilitar procesos que les ayudaran.

Muchas veces, cuando se hace una investigación con el rigor científico que requiere una tesis doctoral, desarrollas cierto sesgo a identificar todo aquello que vaya encaminado a argumentar en la misma línea de lo que están evidenciando tus hallazgos. Sin duda, sería muy interesante si hubiera una investigación que persiguiera demostrar lo contrario de lo que mostraba mi estudio, poder debatir sobre ello. Ahora bien, con el paso del tiempo estoy más convencida de que el avance de la mediación requiere adaptación y flexibilidad (en ningún caso rigidez). Como te comentaba Mapi, mi mirada de la mediación en situaciones asimétricas venía desde la criminología y yo lo sentía de modo clarísimo, lo que quería demostrar era que si desde el ámbito penal no se cuestiona el desequilibrio entre las partes, sino que se desarrollan procesos donde ha habido un nivel de desequilibrio tan elevado como es entre una víctima de una agresión y la persona agresora, ¿cómo no se va a poder mediar entre estas personas que además han tenido un vínculo afectivo? Ya sabemos que la parte emocional de las relaciones es la más complicada para la gestión en un proceso de mediación, aún así también el rencor y el ánimo de venganza que supone en el ámbito penal. 

Pág. 31, Cuéntame más sobre la Estrategia del Go, una aplicación práctica.

C.M: Es un juego de tablero de origen chino, se originó hace más de 4000 años. Fue considerado una de las cuatro artes esenciales de la antigüedad China. Es un juego de estrategia cuya dinámica consiste en colocar, por turnos, piedras blancas y negras en las intersecciones del tablero. El objetivo del juego es controlar más del 50% del área tablero, equivalente a ganar. A pesar de la aparente simplicidad de las reglas, el Go es uno de los juegos más complejos que existen. Precisamente lo que implica la estrategia del Go es el trabajo colaborativo. Es decir, plantear la mediación como un espacio de comunicación para facilitar la relación y la gestión de su conflicto. Es muy probable que antes y después de la mediación se hayan producido otras intervenciones profesionales que hayan tenido influencia en la dinámica relacional.

Por tanto, en esa secuencia es donde la mediación tiene sentido, no como una intervención tipo “platillo volante”, sino imbricada en otras intervenciones.

En ocasiones, esas personas que acuden a mediación consideran que no es el proceso que están buscando, no es el momento, aún así las preguntas y reflexiones que se generan les llevan a otro espacio que les resulte de utilidad (ya se trate de un procedimiento judicial, un espacio terapéutico o de intervención psico-social). De ahí la importancia de trabajar en coordinación con entidades y profesionales de toda la diversidad de ámbitos, y que éstos a su vez conozcan de qué trata al mediación.

 Actualmente,  es evidente, que quienes profesionalmente intervenimos ya sea a nivel psicosocial, sanitario, judicial, operadores jurídicos, estamos participando en un proceso donde esas personas tienen la oportunidad de que los acompañemos en su búsqueda del bienestar, en un sentido amplio mejor, vienen porque tienen un problema y en ese acompañamiento es importante la coordinación de todas las intervenciones. Bien sea que vengan a mediación de la derivación judicial o de una entidad sanitaria y que a su vez, desde la mediación acudan al procedimiento judicial o a requieran un tipo de intervención más terapéutica.

En este sentido, es clave conocer cuando alguien viene a mediación “de dónde vienen y hacia dónde quieren ir”. Por ello considero fundamental el primer contacto con las personas,  lo que en la clasificación de las fases del proceso se denomina pre-mediación o fase previa. Esas personas, cuando llegan a donde esa persona mediadora, tienen una trayectoria que desconocemos, sin embargo, qué importante es comprender que alguien (en un momento previo a venir a mediación) les haya facilitado la reflexión para que elijan la mediación. Esta mañana, en una sesión de mediación, al preguntarle a la persona mediada “cómo has llegado a elegir la mediación”, me ha contestado que se lo ha dicho una amiga que literalmente le ha transmitido que en mediación “no sé si te pueden ayudar pero al menos te van a escuchar”. Todo esto es parte de la estrategia colaborativa que encierra la metáfora del juego del Go, todas las personas estamos interaccionando de modo que podemos facilitar el proceso de gestión de conflictos colaborativo con diferente impacto (bien sea en la salud, en las relaciones, en los aspectos materiales o judiciales).

M.B:Pág.37 ¿Informar sobre el modelo de mediación? ¿Qué implica?C.M: Cuando me refiero a un modelo, no se trata de un modelo rígido, sino precisamente del modelo flexible que implica un enfoque adaptativo. La práctica profesional de la mediación nos enseña que el proceso se diseña a medida, se va construyendo en función de las necesidades de las personas protagonistas. El principio de flexibilidad en el proceso será el que caracterice la mediación va a ser lo que la caracterice, especialmente con personas de un perfil concreto, que desde el primer momento te preguntan, (todos los que sois mediadores, vais a notar como en estos momentos el tono es alto y directo) ¿esto cuánto va a durar?, ¿cuántas veces vamos a tener que venir aquí?, les contestas (y ahora la magia del lenguaje…el tono se vuelve reposado y plácido), ahora mismo no os puedo decir cuánto es el tiempo que vais a necesitar, la tranquilidad es que se va a ir construyendo a medida que vosotros vais a necesitar, porque al modelo que me refiero no es un modelo Harvard o transformativo, sino a un modelo construido a medida que lo necesiten.

Estamos participando en un estudio, que no es tanto demostrar sino verificar, la necesaria actitud flexible de quien media para que el modelo sea la flexibilidad y un modelo adaptativo que se ajuste al perfil de las personas. 

MB: (Pág.  43) MODELO FEMINISTA INFORMADO DE MEDIACIÓN FAMILIAR, para casos de violencia de género, cuéntame  más sobre esto.

C.M: Este tema venía a manifestar mi inquietud, desde la criminología, de las mujeres feministas defensoras de la mediación en situaciones de violencia que al mismo tiempo evidenciaban que eran la minoría, porque había otra corriente de algunas abogadas y juristas contrarias a la mediación en casos de violencia. En mi tesis no tuvo tanto espacio, porque mi director, Ramón, me decía que nos podíamos desviar y no era nuestro objetivo, eso sería otro trabajo, pero sí me gustó leer los criterios que tenían para defenderlo:

-Si pensamos que una mujer en una relación de desequilibrio de poder donde pueda haber episodios de violencia no encuentra en la mediación un espacio seguro puede elegir no utilizarlo, pero decirle que no puede ir a mediación es una manera de re-victimizarle y hacerle más pequeña- 

Cuando se publicó la Ley de Violencia de Género, la mediación tenía muy poco recorrido en España, aunque en el País Vasco ya llevábamos 10 años en el servicio de mediación familiar del País Vasco. Tengo la sensación leyendo los documentos de la U.E., en concreto la Recomendación 1/98, en su texto original, dice que ante casos de violencia habrá que analizar cada caso, ¡claro que hay que analizar cada caso!, pero destinamos una mirada compasiva al legislador español, en ese momento no se podía permitir en la primera ley de Violencia de género un precepto tan flexible. Realmente el mensaje del texto europeo era que habría que valorar cada caso para decidir si hay posibilidad de mediación. Como sabemos, se optó por una negación rotunda a mediar. Ahora con perspectiva, podemos deducir que las voces críticas de aquel momento, consideraban que la mujer se iba a encontrar indefensa, cuando en realidad con mediadores/as preparados no van a estar indefensas (precisamente se pueden sentir acompañadas y libres en la toma de decisiones).

M.B. : Después de todo lo que hemos hablado, me gustaría preguntarte al vacío…

¿qué se aplica de la teoría en la práctica? Me explico, por un lado eres una de las mejores teóricas que conozco de la mediación y por otro lado estás en el sillón de mediador/a todas las semanas… por eso te pregunto eso ¿qué se aplica de la teoría en la práctica para los mediadores que soñamos con la mediación como una profesión única cuando en realidad casi es un secundario en nuestra vida profesional?

CM: Me resulta un ejemplo recurrente pensar en la mediación como un idioma, como un lenguaje, como una manera de construir la realidad. Y eso me lleva a que la parte teórica de la mediación, cuando se enseña, yo participo como docente en varios master, me doy cuenta de lo fácil que es entender la teoría de la mediación e insisto en “no desprecies la teoría porque es importante para cuando estéis en la práctica y queráis ser espontáneos/as y que os resulte cómodo formular una pregunta, una reformulación… para llegar a que la práctica os resulte fluida o lo tienes interiorizado o si no es prácticamente imposible, con lo cual aunque yo soy práctica y cuando estoy dando clase me considero así, respeto muchísimo la academia, la teoría y la investigación”. 

En la medida que tengamos mucho conocimiento teórico puede pasar ese momento pedagógico bisagra entre el conocimiento teórico y la práctica; cualquiera que se haya formado en mediación se reconocerá en un momento de: “socorro no sé nada”, en el sentido de querer decir algo y no me sale nada, ese impasse es el que te hace sentir que sabes mucho pero todavía no sabes cómo. En mi opinión, considero que se da un proceso de madurez personal en el que observa el mundo relacional de otro modo, tomar conciencia, encontrarte identificada con la filosofía que implica la gestión de conflictos de modo colaborativo. No puede ser una mirada sólo en horario de 8 a 15h, porque difícilmente va a surgir de manera natural, por eso el ejemplo del lenguaje, en el sentido de que difícilmente vas a sentirte cómodo/a gestionando emociones, preguntando, parafraseando en otro idioma que no sea el que estás acostumbrado/a a utilizar.

M.B: Has viajado y estudiado por todo el mundo aprendiendo sobre gestión alternativa de controversias (así se dice así ahora ¿no?) procesos de gestión de conflictos, justicia restaurativa, mediación… ¿Dónde estudiaste y que te llevaste de cada lugar?

CM: Estudié en la Universidad del País Vasco y al mismo tiempo que estudiaba Derecho pude estudiar Criminología, y la suerte fue que lo estudié con Antonio Beristáin, un apasionado de la Justicia Restaurativa, que entonces era algo incipiente y por tanto conocí a los que ahora son referentes como Howard Zehr, Tony Peters, Humberto Maturana, personas que venían a los seminarios del Instituto de Criminología, soy consciente que escuchar aquellas reflexiones me hizo mirar el Derecho (yo estaba en 3º de Derecho y 1º de Criminología) de otra manera. Para aquel entonces ya tenía claro que no quería ser abogada en ejercicio, ya me estaba cuestionando muchas cosas porque pensaba en la Justicia social y visualizaba que quería ser algo parecido a lo que soy ahora. Cuando terminé estos estudios, participé en un proyecto de desarrollo comunitario de criminología en Tijuana (Méjico) y residí allí durante un año. 

Fue un año clave.

 Quería una experiencia práctica y ahí estuve entre las bandas callejeras (maras) y las armas de la frontera. Eso me dejó muy impactada, ver a los niños pequeños esnifando tubos de escape y pegamento, a los pandilleros consumiendo metanfetamina, cristal y sus trapicheos… -buf- volví a Bilbao y me concedieron una beca para estudiar drogodependencias en la Universidad de Deusto un título universitario que me dio acceso para ir a Maastricht donde estuve 4 meses. Ahí me empecé a acercar a la mediación, pero a nivel institucional en los programas de “probation”, medidas en favor de la comunidad, mediación juvenil. 

Después de Holanda me fui a Canadá, donde estuve viviendo con una familia menonita que me enseñó muchísimas cosas a nivel personal, les alquilaba una habitación y me sentía parte de su familia. (Los menonitas, dentro de las religiones, son una escisión del cristianismo, son pacifistas, anabaptistas, se los suele confundir con los cuáqueros y los amish, pero son una sección más evolucionada en el sentido de aceptar y convivir con la tecnología; emigraron a EEUU con la primera guerra mundial por su compromiso con el pacifismo, ¿Te suena Jean Paul Lederach? 

M.B: Por supuesto.

CM: Él es Menomita. Es una gente comprometida y apasionante con la que aprendí mucho, mucho, y viví con ellos en la parte convivencial, a su vez en la relación profesional era con los sistemas de justicia aborigen (de los indios del norte) y con un centro de mediación. 

Ahí no lo llaman así, los definen como servicios comunitarios de mediación con una visión integradora de todos los ámbitos. Entonces ya pensaba en una frase que seguro me vas a entender: ¿Algún día llegaremos a hablar de mediación como se habla aquí? Cada día cuando escucho alguna opinión negativa sobre el avance de la mediación pienso: “lo que hemos avanzado, ¿y lo que nos queda? Sí, también, pero aquí estamos”.

Después de volver de Canadá, presenté mi C.V. para el proyecto piloto de mediación familiar de Gobierno Vasco, en el que estaban buscando a una persona mediadora jurista para el equipo interdisciplinar. 

En ese momento lo acepté pensando que sería algo anecdótico, que no duraría mucho y como además era una media jornada me permitió tiempo para matricularme en el programa de doctorado sobre “Conflicto en la sociedad contemporánea”. Ahí conocí a Ramón (Alzate) y con él, como surgían muchos proyectos, creamos un centro universitario de resolución de conflictos en el que intervenía como formadora y facilitadora en centros escolares, en ayuntamientos, … hacíamos pequeñas formaciones en lo que hoy se puede considerar mediación organizacional de equipos, por tanto fui compaginando la mediación familiar con la mediación en otros ámbitos. 

Mientras tanto cuando podía, me seguía formando, me hice socia de Association for Conflict Resolution (ACR) y las posibilidades que me dio en aquel momento eran muy buenas como la de ir a San Francisco para aprender sobre las metodologías de grandes grupos, el open space, los diálogos apreciativos, en Chicago, hablando sobre la ética en mediación, en Atlanta, en Sabanah, en San Diego, Los Ángeles, realmente nunca he dejado de formarme.  La gestión emocional que se requiere en mediación es muy alta y no se suele hablar de ello. Se requiere una formación a nivel personal de autoconocimiento y autocuidado comprometida para garantizar la calidad en la gestión de conflictos ajenos a la vez que los propios. 

M.B: ¿Qué proyectos estás preparando? ¿Veremos un nuevo libro con tu nombre en portada? Ya sabes que estoy deseando leerlo.

CM: Tengo la cabeza ocupada en varios proyectos. Sobre libros, sí tenemos uno pendiente entre Ramón, Itziar y yo, los tres que hemos formado el equipo de Análisis y Resolución de conflictos de la UPV, sobre todo porque Ramón se ha jubilado, es el resultado del trabajo hecho por los tres y un compromiso afectivo. Hay otra libro que tiene que ver con Ética y una propuesta que precisamente tú me hiciste de escribir sobre los procesos. Además de mi colaboración con la sección practicum del Anuario de mediación, en el que colaboro con el equipo de la Editorial Reus. 

M.B: ¿Cómo fue tu primera mediación? ¿Qué emociones recuerdas? ¿Hubo seguimiento? 

C.M: Mi primera mediación fue en la formación en Canadá, en inglés.  Mientras me formaba, participé en una intervención y la recuerdo con vértigo, con ese esfuerzo que hacemos cuando estamos hablando un idioma que no es el tuyo y por eso utilizo esa metáfora del lenguaje de la mediación, es entrar en un nuevo lenguaje, en el lenguaje de la conducción de la narrativa y de la historia alternativa. Se hace un gran esfuerzo cuando quieres transmitir emociones e información con un lenguaje que al principio te resulta nuevo, con la parte de gestión emocional y con la utilización de los conceptos con ese enfoque más objetivo, respetuoso, incluso con connotación positiva, esa es la primera sensación que me viene a la cabeza.

Luego cuando empecé en el ámbito familiar en el servicio de mediación familiar de Gobierno Vasco me resultó más fácil el proceso y compleja la gestión emocional. A su vez estaba trabajando con Ramón Alzate, en conflictos interpersonales y organizacionales que el proceso requería más esfuerzo en cuanto al análisis del conflicto y diseño de la intervención. Se trataba de conflictos vinculados en el ámbito educativo, en la escuela y recuerdo una mediación, en la que el tema estaba centrado en la relación de una tutora (profesora del hijo) con una madre, y las diferentes percepciones de cada una, recuerdo el gran contraste de sus respectivos discursos cuando hablaban de la misma persona (el alumno/el hijo) y con diferentes lenguajes.

M.B:¿Qué premios están en tus estanterías además de la medalla al mérito profesional de Diario de mediación?

C.M: Espera que tengo que pensarlo…. Jajaja para mí los reconocimientos son lo que obtengo cada día en mediación, cuando se cierra una mediación.

En Méjico, lo que sería el homónimo al CGPJ, me entregó en la Universidad de Guadalajara un certificado de reconocimiento, del año que estuve trabajando en Tijuana también. Son experiencias que te dejan una huella emocional muy grande y que vienen acompañadas  luego de un premio que lo recibes en lo subjetivo, es lo que te llevas en la interacción con las personas. Si algo tiene la mediación, es que eso es un regalo y valoro cada vez más relacionarme con profesionales de la mediación que estamos en el mismo enfoque.

M.B: ¿Quedan sueños por cumplir a nivel profesional? En mi reducido círculo de mediadores eres como una inspiración, puedes dedicarte a este campo por completo.

Tengo muchísimos sueños todavía… 

M.B: ¿Alguno que se pueda confesar?

Pues todo lo que sea trabajar en el desarrollo de una vida más pacífica, en el sentido de comprometida sintiéndonos parte de lo que estamos haciendo. Cuando se habla de cuál es el impacto que la pandemia está teniendo yo pienso en la comunicación, en el diálogo y cómo ha afectado y eso es parte de lo que quiero darle forma.

También me parece un regalo no sólo cuando nos juntamos grupos profesionales sino también intergeneracionales porque te das cuenta de que es donde se comparte y proyecta. Yo tengo ahora un proyecto con las nuevas generaciones y me siento cómoda en esa difusión pensando que otro mundo es posible como cuando tenía 20 años y lo hacemos caminando cada día. Así que muchos, ¿y que no falten nunca, verdad?

M.B: ¿Cómo se trabaja en el servicio de mediación familiar del País Vasco? 

Lo primero que me viene es: con mucho gusto. Esta parte de la intergeneracionalidad la puedo trasladar al equipo. Este año hacemos 25 años de servicio y aunque el equipo genuino seguimos, pero éramos sólo cuatro personas y se ha ido desarrollando el equipo hasta 16, también ha habido personas que por circunstancias personales y profesionales se han ido despidiendo e incorporando otras, en los dos últimos años  tenemos la suerte que se han ido incorporando unas 5 personas nuevas que cuando se incorporaron tenían menos de 30 años, ya les llevo 20 años…parece que no porque yo me siento joven, cuando te sientas a tomar un café y compartimos reflexiones me encanta escuchar e intercambiar, ahí está el aprendizaje intergeneracional. Trabajamos con mucha dedicación, cada persona mediadora tiene 3 mediaciones durante la mañana y por la tarde tratamos de que sea sólo una sesión. Hemos observado que por la mañana las personas que vienen a mediación vienen con una actitud más centrada, por la tarde hay más vida familiar y el cansancio se acumula. 

Entre sesión y sesión a veces hay muy poco espacio para descansar, aunque yo soy de la opinión de que es necesario respetar unos minutos para mantener esa actitud de autocuidado, ventilar, en todos los sentidos no sólo el espacio físico por la pandemia sino en todos los sentidos, el poder  descansar unos minutos hablando con un compañero o incluso el desahogar, y esta es una cuestión que nos parece importante y en el espacio de mediación tenemos un lugar donde podría ser ese pequeño “txoko” que llamamos en el País Vasco, donde tenemos el café y unas frutas o palmeritas o lo que sea para juntarnos y compartir. Es tomar conciencia de quien está más expuesto en la mediación es quien está mediando y por eso con los años hemos ido observando que encontrarnos bien, juntarnos a primera hora de la mañana y tener un rato de saludo de equipo y saber cómo viene cada uno nos ayuda también a afrontar el día. Aunque en la agenda ya estén distribuidas las sesiones de mediación, en un momento dado podamos entrar en co-mediación o si necesitas ya te cojo este caso, esa parte privada “entre bastidores”, el equipo tiene mucho valor para la actividad diaria. 

M.B: Eres una profesora excelente, contagias la pasión por la resolución de conflictos y consigues la atención, de todos los ponentes, maestros, profesores… sólo recuerdo en tu clase un silencio de escucha total. ¿ Cual es la pregunta qué mas te repiten tus alumnos? Y qué respuesta les das, igual hasta ha evolucionado con el tiempo.

C.M: Me voy a quedar con lo primero que me viene a la cabeza que te responde 

a las tres preguntas: ¿Y si te quedas en blanco? Cuando nos formamos en algo con ese ánimo y ansia por tener controlada la situación, yo creo que es bastante común. Yo respondo que cuando estás escuchando no hay opción de quedarte en blanco porque lo que te está contando esa persona ya te está llenando de contenido para poder devolver lo que pueda necesitar y que quizá el quedarte en blanco coincide con que no le estás escuchando, sino pensando en qué preguntar. Con el paso del tiempo es algo que me reafirma, la importancia de estar en calma y escuchando a quien te está abriendo su alma y en ese momento eres todo atención plena, y esa es la escucha que se requiere en un proceso de mediación, una escucha en la que no hay lugar para quedarte en blanco porque estás siendo partícipe de su historia y lo único, de alguna manera que te puede generar cierto debate interno es ¿qué hacer? si esperar, si devolver con el silencio por si quiere continuar, reformular y qué parte, y continuar haciéndole una pregunta que le ayude a seguir su historia.

M.B: ¿Algún mediado te ha hecho reír en el transcurso de las sesiones? Cuéntame cómo y qué paso.

C.M: Alguna vez me he carcajeado con los mediados, sí, pero siempre cuando ya el proceso había avanzado y ya teníamos un vínculo creado. 

Recuerdo una vez con una pareja que tenían mucho rencor entre ellos y el rencor se había manifestado en un egoísmo material, peleando por una cantidad de pensión de alimentos que prácticamente era insignificante y yo me daba cuenta, pero quería darles el voto de confianza a ver si ellos se daban cuenta. Llegó un momento que recogí lo que estaban planteando, tengo la sensación de que estáis los dos calculando con mucha precisión los gastos que tienen vuestros hijos y si no me confundo se están acercando las cantidades, y ninguno de los dos está dispuesto a ver las necesidades del otro, igual, ¿que os parece si lo cuantificamos? ¿igual aquí lo podemos poner “a bote”? Lo dije de una manera que aunque había mucha tensión les hizo gracia,  y entonces, uno dijo -pero antes de poner bote yo quiero saber de cuanto estáis hablando-, y empezaron a reír…-realmente no tocamos ni a 20€ por cabeza, y respondí que no se diga (que somos de Bilbao…aunque no lo éramos)…nos reímos todos. Me lo permití por la confianza que ya tenía por las sesiones previas y sabiendo que no era un problema económico porque si no nunca lo hubiera hecho. El humor es importante como una posible herramienta para utilizar sólo cuando el nivel de sintonía con esas personas y entre ellas es garantizable que no va a distorsionar el respeto. La verdad es que una de las partes era muy seria y se rio mucho ( ya sabes, por eso de “que no se diga que somos de Bilbao”) y a partir de ahí cambió el tono.

En otra ocasión yo me reía cuando los dos querían enseñarme en su teléfono una foto de su hija y los dos me enseñaron la misma foto. Me resulta fácil sonreír y buscar la parte positiva de la vida.

M.B: Hay que prepararse antes de comenzar una mediación, eso te he oído decirlo y ¿cuidarse a uno mismo? Las sesiones de mediación pasan factura, te agotan ¿cómo te preparas y cuidas para las sesiones? ¿consejos que nos puedas compartir?

C.M: A mí me ha ayudado mucho el contacto con la naturaleza, el contacto con la montaña, el mar…Cuando se podía en invierno para esquiar, el verano para nadar, la bicicleta… la capacidad de poder relajarte, practico yoga y me ayuda mucho. Yo he sido desde muy joven muy inquieta y activa, he ascendido cimas…seis miles, en los “Himalayas” o el “Kilimanjaro”… pero también me he ido a lo intelectual (formarme en psicodrama, el análisis transaccional, autoconocimiento…) el saber conectarte contigo misma para poder gestionar tus emociones antes de exponerte a una mediación. El trabajo personal es fundamental para poder ofrecer lo mejor que tenemos en el proceso. 

M.B: Si pudieras revivir un momento de aprendizaje con la mediación ¿cuál sería? 

C.M: Recuerdo mis primeros años y sobre todo la facilitación en procesos multipartes cuando en aquel entonces se conocía muy poco de la diversidad de procesos de gestión de conflictos. Aunque llevo muchos años en el ámbito de mediación familiar, también he ido trabajando en organizaciones y grupos de pequeña empresa, tengo la sensación de que ha habido un gran avance más allá de lo que técnicamente se considera mediación.

Recuerdo una formación, que me llegó a través de Ramón Alzate de un equipo de la Seguridad Social de San Sebastián que tenían conflictos y me pidieron una formación de 20 horas, y la diseñamos, te estoy hablando que era para un grupo que llevaba ya más de 20 de años trabajando juntos. Pienso en lo que sé ahora, y posiblemente lo hubiera diseñado más como un proceso de intervención, facilitación, con una metodología más participativa, que propiamente una formación. Qué satisfacción comprobar lo que hemos seguido aprendiendo y sumando de conocimiento, seguramente hoy podríamos aportar más con nuestra mirada, nuestras actitudes, preguntas e intervenciones … Me viene a la cabeza una frase popular de las personas mayores: “si pudiera volver a atrás pero sabiendo lo que sé…”) Tenemos que saber lo que sabemos en cada momento para aplicarlo, compartirlo y exprimirlo.

M.B: Siempre que termino una entrevista suelo pedir que me recomienden un libro. ¿qué libro me recomendarías para la librería del mediador?  Por supuesto el tuyo ya está comentado.

C.M: Hay un libro que es muy interesante yo creo que a ti te va a gustar, que se titula: “Susurrando la mente”, la escritora es una psicóloga que no se ha hecho tan famosa pero es la pareja de Goleman, Tara Bennett Goleman, a mí me parece que tiene mucho que ver con esto que hablamos del autoconocimiento y del aprendizaje para saber de qué modo estamos y cómo salir de ellos, la profesión mediadora la identifico con un aprendizaje continúo, con una actitud de análisis y esa capacidad crítica compasiva con nosotros mismos. ¿Dónde estoy? ¿cómo estoy reaccionando? ¿cómo puedo girar? Cuando estamos en la mesa de mediación tenemos esa atención que decíamos antes tan plena puesta y quizá nos  puede resultar pues más fácil, porque es nuestro ejercicio profesional, pero quien media.. cuando acaba la mediación también tiene que reaccionar a otras múltiples historias y facetas que tiene la vida y este libro me parece un buen material para la parte del aprendizaje continuo de la persona mediadora.

M.B: No me queda más que darte las gracias por este tiempo que me has dejado, por compartir conmigo tus conocimientos y por estar ahí siempre que se te necesita.

C.M: ¡¡¡GRACIAS A TI MAPI!!!

12 comentarios en ““La mediación puede tener efectos terapéuticos, las conversaciones con Cristina Merino, sobre mediación también…””

  1. Muy buena conversación, el estudio de la mediación y sus diferentes ámbitos es muy amplia y todavía más cuando analizas su carácter multidisciplinario.

  2. Juan Carlos GZ.

    El mestizaje de tus fuentes de estudio te ha hecho una doctora del conocimiento del ser humano y sus variadas formas de interrelacion. Gracias por tú ejemplo de infatigable aprendizaje.

  3. Muy Interesante la entrevista, me sorprende la poca comunicación entre Comunidades Autónomas ¿Cómo se puede tener ese flujo de trabajo en el País Vasco y en el resto prácticamente es inexistente?. Si trasladásemos la resolución de conflictos al ámbito de las redes sociales sería como reducirlo todo a sólo una, y precisamente son los matices los que cambian totalmente la forma de comunicarnos, ¿por qué no se aceptan de las misma forma a la hora de resolver los conflictos?. Excelente entrevista.

    1. resuelveasturias

      Muchas gracias por tu aportación, sí sería ideal que en Asturias también existiera un Servicio Asturiano de Mediación familiar, desde Resuelve Asturias apoyamos y queremos luchar porque sea así.Y sí, se lucha porque la mediación llegue a todos los ámbitos para ayudar a una buena comunicación y la resolución pacífica de los conflictos. Gracias por tu comentario.

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