“Aquellos días del Sáhara. 1973-1975”

Autor: Pascual Ortuño

Normalmente no hago reseñas de novelas, porque no son mi mayor campo, estos libros son para desconectar y vivir experiencias a través de los relatos de sus autores, como me contaron de niña, un libro es un viaje en que te sumerges, descubres lugares que quizá no conoces y donde te identificas con algún personaje que te hace vivir otras vidas…

En este caso, este libro me ha transportado a una época de la historia olvidada en mis clases del colegio, que parecen ser vividas en primera persona por el autor de este.

Me he encontrado con una España diferente, oculta, con miedos, con valores y con honor.  Tal como lo estaba leyendo me he sentido como si encontrase las cartas que mi abuelo le mandó a mi abuela o a una novia que tuvo cuando era joven y luego me sentase delante de un chocolate caliente una tarde de lluvia a contarme la historia que hay detrás de ellas. 

Hay tantas historias, hay tantas familias reflejadas en los capítulos del libro que no puedo más que emocionarme por saber qué va a pasar con Emilio (el protagonista), o sus compañeros de hazañas en un lugar que no conozco y que ya no existe como entonces, pero que estoy deseando recorrer y poner imágenes reales en un viaje con mi marido e hijos.

Un libro con música, al que le echo en falta, como, por ejemplo, en “La ley del amor” de Laura Esquivel que venía con un cd de música que poner en cada capítulo. Pascual, ha introducido B.S.O. en cada capítulo, con letras de canciones, con versos para recitar o con diálogos de películas que te imbuyen en las sensaciones de los protagonistas. Hasta he buscado los sonidos del grupo Vino Tinto al que el autor perteneció, y me he sonreído, por los pequeños detalles descubiertos, y no sólo por el vestuario o la imagen personal de sus componentes y presentadores, sino sobre todo por esos momentos iniciales con rayas en la imagen cuando se reproducía un vídeo de VHS/BETA.

No puedo dejar de expresar, mi alegría al encontrarme entre sus personajes al Guaje Lorente ha sido como darle más realismo a esa historia contada por mi abuelo… Término tan asturiano y usado aquí, en Asturias y término que hasta yo lo he integrado en mi vocabulario, a pesar de no ser asturiana de nacimiento. 

Como no podía ser de otra manera, hay una investigación detrás concienzuda, que aún hace más real las historias como se corrobora en los agradecimientos del autor.

De los personajes también me quedo con Carlos Romero, Capitán, hijo, nieto y bisnieto de militares, que despide un aroma de nobleza, de generosidad y de profesionalidad, con Manuel Esteve, que salió del país y acabó en paradero desconocido, porque con el capitán Zarra y el Brigada Cazón, daba miedo el reencuentro, también es de destacar a la escritora Sanmao y su pareja José María Quero de los cuales no había oído hablar nunca…

La trama del libro se va complicando poco a poco y la tensión que despide el protagonista me va asaltando poco a poco. Confesaré que busqué fechas reales y me fijaba en cada datación que hacía en autor en los capítulos para saber si había posibilidades de salvación, pero tal como vas leyendo, no sabes si pasará como con Ana Frank, que no llegarán a tiempo o si se salvará…

Como no podía ser de otra manera, uno de mis momentos favoritos, (pág. 300) es el espacio de diálogo que tienen Ahmed (musulmán), Ángel (Testigo de Jehová) y Emilio (de educación católica en la infancia y de apertura hacia ideas comunistas sin ser extremistas) … digno del autor. 

No es sólo una historia, son muchas vidas, son recuerdos y vivencias que no deberíamos olvidar y agradezco al autor que las haya compartido. El final es apoteósico, esperado a pesar de la esperanza y lleno de emoción. Eso es con lo que me quedo, con las emociones compartidas y espero de corazón poder preguntarle más cosas al autor …

“-Te aprecio mucho, Carlos, y me duele lo que dices. ¿Eres consciente de que esto te puede costar muy caro? Te concedo incluso la posibilidad de que tengas razón, pero no te olvides de que tú eres un militar. Cada uno a lo suyo. ¿No eres tan demócrata? ¿No crees en la división de poderes? ¿Has visto que algún juez se pregunte si las leyes que aplica son justas? ¡No quedaría ninguno en activo, quebraría el Estado! Por favor, borra esas ideas de la cabeza y, sobre todo, júrame que no repetirás delante de nadie esto que me dices. No solo te juegas tu carrera. No sabes dónde te metes.” (Pág. 226)

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